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ESBOZOS SOBRE PIEDRA

Actualizado: 12 dic 2020

Texto: Maya Taylor García // @mayataylorgr

Imagen: Sara S. // @v.calipigia.v


Vino con el frío, con el de las nieves y las borrascas. Sumida en un eterno esbozo, en un eterno “mañana”, en un eterno “luego” que nunca llegaba. Vino para quedarse dijo. Pero de un esbozo nunca puedes fiarte. La miraban con esperanza, la gente joven aquí siempre hace falta porque nosotros somos viejos ya, algún día moriremos y todo esto quedará para nuestros hijos que ya tienen su vida hecha en otro sitio. Yo siempre supe que no se quedaría, pero claro, no lo dices. La ilusión es tan grande que cómo romperla.

En la plaza nos hablaba de sus ideas, muy bonitas todas. Nos hablaba de su vida, de sus amoríos. Y yo recordaba cuando Antonio me cortejaba, en esta misma plaza, regalándome los oídos con esas ideas suyas: él heredaría la casa y las tierras, y tendríamos tantas criaturas como vinieran. Al final solo fueron dos. Y menos mal que no tuvimos más, porque no sé qué futuro podríamos haberles dado. Uno es médico, el pequeño. El otro siempre fue muy soñador, como su padre. Gracias a dios mi nuera tiene los pies en la tierra. Antonio hacía lo que podía, pero la espalda siempre le dio guerra. Cuando los padres murieron me tocó trabajar las tierras hasta que los chicos pudieron hacerlo solos. Después se fueron.


Cuando les conté que una joven se había comprado un terreno aquí, se pusieron muy contentos. Yo les decía que no duraría, pero ellos empeñados en que ahora con Internet se puede hacer casi todo desde casa. Ella también hablaba de Internet, quería vender ropa. Yo no entiendo como alguien puede comprar ropa sin probarla. Pero la gente joven está hecha de otra pasta. Compran mucha ropa, mucho de todo, y si no les queda, la dejan olvidada al fondo de un cajón. Los tiempos cambian.



Me regaló una camiseta con unos dibujos muy majos, yo hice un esfuerzo por llevarla, todos las llevábamos, hay que apoyar a los jóvenes que lo tienen muy difícil, siempre ha sido difícil en realidad. No le iba mal, todos los lunes bajaba a correos a mandar ropas. Durante el tiempo que estuvo nos hizo mucho bien, era muy habladora, muy alegre, siempre tenía tiempo para sentarse con nosotros a contarnos cosas.


Al final, se fue. Como todos. Y ahí sigue la casa americana en la que vivía, a la venta junto con el terreno. Mientras no se venda la va alquilando, fines de semanas y vacaciones. Y ella va viniendo, siempre nos trae cosas de Francia que es donde vive ahora. Eso es lo que pasa con los esbozos, que van cambiando. Estoy segura de que ella encontrará su lugar, pero también lo estoy de que este pueblo no era el suyo, y no sé si alguna vez volverá a ser el de alguien. Tampoco sé qué será de las plazas, ni de estas casas y estos montes. Quizás se olviden. Gracias a dios yo ya no estaré aquí para verlo.



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