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ALERTA

Actualizado: 12 dic 2020

Por: Maya Taylor García // Ig: @mayataylorgr

Imagen: Sara S. // Ig: @v.calipigia.v

El cuerpo humano es sabio y casi todo lo que hay en él tiene alguna finalidad concreta. La mente, como parte de nuestro cuerpo, también lo es. Y por sabia es compleja, tanto que todavía no llegamos a entenderla por completo. La psicología surgió precisamente para estudiarla, a ella y a la conducta humana. También para analizarla, describirla y tratar de comprenderla cada vez mejor. Ésta ciencia, la psicología, describe seis emociones básicas de todo ser humano. Éstas son la sorpresa, el asco, el miedo, la alegría, la tristeza y por último, la ira.


El miedo, como parte de esas emociones básicas, explica Marta Torrente (psicóloga) nos aporta información sobre nuestro entorno y nuestras experiencias. “Nos alerta de un peligro, riesgo o situación de alerta, que nos permite ser precavidos y valorar los actos y acciones que vamos a llevar a cabo”. Sin embargo, advierte, si la mantenemos en el tiempo nos bloquea y esa situación de alerta inicial se convierte en terror. El miedo pues, puede ser racional o irracional. El miedo racional es aquel que surge de peligros reales y nos ayuda a sobrevivir, a retirarnos cuando existe una amenaza. Sin embargo, el miedo irracional llega cuando son nuestros pensamientos los que nos dominan, en lugar de ser nosotros los que los controlamos a ellos. El miedo irracional además, “es aquel en el que terror y ansiedad limitan nuestro día a día”, Torrente advierte además, que si estos estados de ansiedad no se tratan pueden desembocar en trastornos o somatizaciones físicas y fisiológicas. Esto se explica así: con el miedo se producen cambios a nivel fisiológico como un aumento del ritmo cardíaco o del cortisol; y hay también cambios a nivel conductual y psicológico, como un aumento en la frecuencia de pensamiento que hace que éstos sean menos meditados. Cuando tenemos miedo, apunta, no reflexionamos y “esto nos lleva a tener pensamientos alarmistas que pueden intensificar y prolongar el estado de miedo”.


Sentir miedo en algún momento de nuestra vida es inevitable. Lo que debemos hacer es aprender la gestión del mismo para poder manejarlo y evitar que nos domine. Para ello, explica, “debemos tomar conciencia en primer lugar de nuestros miedos, reconocer cuando estamos sintiendo miedo por una amenaza real y cuando está siendo provocado por nuestros pensamientos”. La respiración y el cambio de pensamientos y lenguaje interno tienen gran poder, apunta, “como nos hablamos a nosotros mismos condiciona nuestra vida, por ello hay que tratar de respirar, aceptar el miedo que estamos sintiendo e intentar tranquilizarnos mediante nuestro propio lenguaje.”


En tiempos de Covid


Dada la situación que hemos vivido, apunta Marta Torrente, “creo que todas las reacciones son entendibles, ha sido una situación inesperada que ha paralizado el país entero y nos ha obligado a parar en seco, pensar y pasar mucho más tiempo con nosotros mismos”. Al principio, apunta, produjo angustia generalizada, después hubo diversas reacciones, sobre todo dependiendo de la edad y la personalidad de cada uno. En situaciones como esta, apunta, “creo que es necesario un tiempo de adaptación a la nueva situación, y una vez que asimilada es favorable tomar conciencia y responsabilidad, que está en nuestra mano hacer y qué no”. Todos hemos sentido miedo, estados de alarma, ansiedad y angustia. Es un virus y no podemos controlamos, apunta, tampoco lo vemos, ni lo tocamos, “el hecho de pensar que podemos ser contagiados en cualquier momento provoca angustia y ha hecho que creemos mecanismo de defensa y que ciertas rutinas y hábitos hayan cambiado”. Por otro lado las personas más jóvenes temen quizás menos al virus, o como apunta Torrente “hay momentos evolutivos en los que la pertenencia al grupo es lo más importante, como por ejemplo la adolescencia”. No es raro que el contacto con el grupo sea más importante durante la juventud, en esa edad no queremos que el grupo nos rechace y actuamos para formar parte del mismo.


La enfermedad y la muerte


La muerte ha sido siempre un tema de reflexión, la filosofía nos ha hablado de ella, también la religión y por supuesto, a día de hoy, también la ciencia. Parece que resulta cada vez es más difícil aceptarla. Sin embargo, es algo intrínseco a la vida, y conforme la la esperanza de vida aumenta, también parece serlo la enfermedad. Algunos y algunas consiguen librarse de ella, pero el resto probablemente se la crucen en el camino. Marta torrente apunta que sobre todo en estos momentos debemos tener una actitud racional ante la enfermedad “nadie queremos, pero quizá la sobre-información y en ocasiones no contrastada hace que aumenten los pensamientos negativos”.





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